¿Qué se entiende por responsabilidad kármica?

sábado, 19 de marzo de 2011
La responsabilidad kármica se encuentra relacionada con dos situaciones, una es la de ser responsable por el karma que hemos acumulado y hacernos cargo de él, la otra es que cuanto mayor es el nivel espiritual que alcancemos, mayor responsabilidad tenemos por nuestro karma.
La primera cuestión tiene que ver con tomar conciencia de la ley del karma y de nuestra vida en general. Tomar conciencia significa dejar de ser ignorantes y, por lo tanto, aprender que los sucesos que nos ocurren en la vida nos involucran completamente debido a que somos nosotros mismos los que los convocamos.  Dejar de ser ignorantes significa, además, evitar cargar a otra persona con la responsabilidad que nos corresponde.
El segundo punto tiene que ver con un proceso que se da en todas las dimensiones. Si deseamos progresar en la vida debemos dedicarnos a comprender y aprender cada vez más, pero cada nivel de ignorancia que superemos nos llevará a un nuevo y más alto nivel de responsabilidad.
Para ejemplificarlo de una manera simple: Un niño que le saca un caramelo a su compañero, sin pedirle permiso, solo porque lo vio, se tentó y, sin pensar en ningún tipo de consecuencia lo tomó y se lo comió, no generará deuda kármica por eso, ni será responsable por el hecho, salvo en un grado mínimo. El niño no actuó con maldad, es ignorante de las consecuencias de la acción negativa que emprendió. En ese caso, los padres y maestros lo guiarán, con amor, para que comprenda que significa la acción que realizó y por qué no debe volver a realizarla de esa manera. Le indicarán también lo que es pedir permiso para tomar algo que no es de uno y las diferentes pautas de comportamiento social necesarias para vivir en comunidad con armonía.
En cambio, si un adulto entra en la casa del vecino y, sin pedirle permiso, se lleva su televisor, esa acción si redundará en un karma negativo, porque, ya no se trata de ignorancia, sino de un robo de la pertenencia del vecino. Un adulto no es ignorante con respeto a estas cuestiones, por lo tanto, sus acciones implican una responsabilidad considerablemente mayor que la del niño.
El Reino de Dios es así. El hombre siembra, cuando duerme por la noche o trabaja durante el día, las semillas, de por sí, van germinando y creciendo, independientes de lo que el hombre siga haciendo. Llegan las flores, los frutos, el alimento que vuelve al hombre en el momento oportuno. Lo que él sembró, ahora cosecha.
Así en la vida, los seres más evolucionados poseen un responsabilidad mucho mayor que los no evolucionados o mínimamente evolucionados.
Pero cuidado, esto no significa que es mejor ser ignorante para tener menor responsabilidad por los actos. Las leyes del universo no son “tontas”, saben perfectamente, por decirlo de algún modo, quién está fingiendo ignorancia o quién se contenta con la misma para no hacerse responsable.
Lo que hemos dicho anteriormente implica una ignorancia sincera. Cuando alguien, intencionadamente, permanece en la ignorancia por comodidad o por propia irresponsabilidad con su vida, la ley del karma comienza a actuar inevitablemente.
La vida siempre tiende hacia la evolución, hacia la iluminación espiritual. Quien permanentemente quede estancado en un plano de ignorancia y desconocimiento, deberá atravesar vida tras vida por situaciones similares a las vividas hasta que desee hacerse cargo de su responsabilidad.
No se debe confundir “ignorancia de conocimientos” con “comodidad en la ignorancia”. Los resultados que producen son esencialmente opuestos.

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